Caracas, 03 de marzo de 2026.- Queridos justicieros. Hoy, en este aniversario, lo primero es la gratitud. Gratitud a nuestros fundadores, a quienes tuvieron la valentía de imaginar un partido distinto cuando hacerlo implicaba riesgo y no comodidad. Gratitud a quienes sembraron cuando el terreno era desértico. Y de manera especial, gratitud a Julio Borges, cuya visión, constancia y claridad ayudaron a dar forma a este proyecto que hoy cumple veintiséis años. Sin ese impulso inicial, sin esa convicción fundacional, esta historia no existiría.
Veintiséis años no son solo un aniversario. Son una travesía. Son sacrificios acumulados, derrotas que no nos quebraron, decisiones difíciles, momentos de soledad y también instantes de enorme dignidad. Durante veintiséis años hemos sostenido una convicción que no se negocia: Venezuela merece justicia porque está llamada a ser República.
Primero Justicia nació como una afirmación moral y republicana. No como atajo ni como cálculo, sino como una decisión consciente de colocar a la persona humana en el centro de la vida pública. Por eso decimos que es nuestro hombre y nuestro programa. Porque antes que estructura es visión. Antes que coyuntura es propósito. Nuestro compromiso no es con el poder; es con la República.
El republicanismo no es teoría distante. Es la convicción de que el poder tiene límites, de que la ley está por encima de los hombres, de que la libertad exige responsabilidad. Es entender que la autoridad solo es legítima cuando está sujeta a la Constitución y cuando reconoce la dignidad de cada ciudadano.
Juan Germán Roscio lo enseñó en la hora fundacional de nuestra independencia: no hay libertad sin virtud, ni República sin ciudadanos dispuestos a sostenerla. Esa verdad no ha perdido vigencia. Si queremos recuperar la República, debemos recuperar también la moral pública que la hace posible.
Hemos conocido la persecución, la cárcel, el exilio y la difamación. Hemos visto compañeros caer y otros mantenerse firmes cuando todo parecía derrumbarse. Pero también hemos visto algo más profundo: la resistencia silenciosa de nuestras regiones. Desde los municipios más apartados hasta las capitales de estado, han sido las regiones las que han sostenido la llama cuando el centro parecía oscurecerse. La lucha por la República no ha sido solo caraqueña; ha sido larense, zuliana, andina, oriental, guayanesa, llanera. Ha sido nacional en el sentido más completo de la palabra.
Hemos aprendido que la política verdadera no es la del aplauso fácil, sino la de la constancia y el carácter. La República no se proclama; se construye, estado por estado, comunidad por comunidad.
Nuestro camino ha sido el centro humanismo. Creemos que la dignidad de la persona es principio y límite del poder. Creemos que el Estado existe para servir y no para aplastar. Creemos que la regeneración de Venezuela no será solo institucional; será moral. Y esa cultura de lo justo comienza en nuestra conducta, en nuestra forma de ejercer liderazgo, en nuestra coherencia diaria.
A los jóvenes justicieros: crecimos en medio de la crisis. No heredamos estabilidad; heredamos incertidumbre. Y aun así decidimos quedarnos, formarnos y organizarnos. En nosotros vive la posibilidad de una República renovada. Hemos comprendido que la vocación política no es un oficio más, sino una responsabilidad casi sagrada, porque trata con la dignidad de las personas y con el destino común de la Nación. No estamos llamados a la resignación. La historia termina perteneciendo a quienes perseveran con convicción.
A las mujeres de Primero Justicia: gracias. Gracias por su firmeza en los momentos más duros. Gracias por sostener comunidades, equipos y familias cuando todo parecía frágil. Gracias por recordarnos que la política debe proteger siempre la dignidad de cada persona y cuidar la vida como un bien inviolable. Han demostrado que la República necesita liderazgo femenino con carácter, inteligencia y autoridad moral. Sin ustedes, esta causa no tendría la fortaleza que hoy tiene.
Hoy podemos decir, con serenidad, que el sueño de la Venezuela de la justicia está más cerca de consumarse. No porque el camino haya sido sencillo, sino porque la conciencia nacional ha madurado. Porque el abuso ha perdido legitimidad. Porque el país entiende que sin reglas claras, sin alternancia y sin división de poderes no hay República posible.
Nuestra tarea entra en una etapa decisiva. Necesitamos unidad, firmeza y disciplina republicana. Necesitamos recordar que la justicia comienza por nosotros. Que la República se defiende con conducta antes que con palabras.
Y en este aniversario no podemos dejar de recordar a Fernando Albán. Su nombre es deber de piedad. Fue un justiciero que llevó su compromiso hasta el extremo del sacrificio. Su vida nos recuerda que la política puede ser entrega total y que la defensa de la República exige coraje.
Creo con fe sincera que Fernando nos cuida desde el cielo. Que su ejemplo nos acompaña y nos exige altura moral. Honrar su memoria es perseverar en la construcción de una Venezuela libre y justa.
Justicieros, hemos sembrado durante veintiséis años. Hemos resistido. Hemos aprendido. Y seguimos de pie. Desde cada región del país, desde cada comunidad organizada, la República vuelve a levantarse.
La democracia no es una ilusión lejana. Es un proceso histórico que avanza cuando la conciencia ciudadana madura, cuando la sociedad exige reglas claras y cuando el liderazgo actúa con responsabilidad. Venezuela camina hacia ese momento. Y cuando llegue, será indispensable contar con hombres y mujeres formados, con carácter, con vocación de servicio y con claridad republicana.
La justicia es el fundamento de la República que estamos llamados a reconstruir.
Con determinación y esperanza,
Juan Miguel Matheus
Coordinador de la Junta de Dirección Nacional
Primero Justicia