Caracas, 11 de septiembre de 2025.- En Venezuela, el silencio también aprisiona. Hoy hay más de 800 presos políticos, hombres y mujeres que pagan con su libertad el delito de pensar diferente. Entre ellos, al menos veinte son ciudadanos españoles. No están en un limbo jurídico ni en un caso «lejano»: son compatriotas que sobreviven en mazmorras como El Helicoide o El Rodeo I, lugares que organismos internacionales han calificado como inhumanos. Allí, entre paredes húmedas y alimentos podridos, estos españoles languidecen, algunos por años, sin juicio, sin abogados, sin atención médica, y sometidos a abusos y torturas constantes. Sin embargo, el Gobierno calla.
El Gobierno de Pedro Sánchez exhibe con orgullo sus leyes de memoria y los decretos que reparten pasaportes a nietos y bisnietos de españoles. Esa generosidad, que se vende como justicia histórica, contrasta de manera brutal con la indiferencia hacia los vivos que hoy agonizan tras los barrotes de Maduro. A estos españoles, reconocidos en el Registro Civil y perseguidos en Venezuela, nadie los defiende con la misma pasión.
Las familias de los presos lo expresan con cruda honestidad: «Nos sentimos abandonados». No es una queja retórica, es un grito de auxilio. Suplican por una visita consular, mendigan un comunicado, esperan una presión diplomática que nunca llega. Mientras tanto, observan cómo otros países logran excarcelaciones por medio de la firmeza. El 24 de agosto, trece presos políticos recuperaron la libertad en Caracas gracias a la presión internacional. Ninguno de ellos era español.
La ironía es que José Luis Rodríguez Zapatero, quien no ha movido un dedo por las víctimas de la represión chavista, sí intercedió en favor de un condenado por triple homicidio en Madrid. Así de distorsionada está la escala de valores de quienes, desde España, se han convertido en voceros de la dictadura.
El argumento oficial para justificar esta pasividad es la doble nacionalidad. «Como son venezolanos y españoles», dicen en La Moncloa, «la intervención no corresponde». Pero esa afirmación es falsa. España no dudó en defender a excursionistas vascos arrestados en países extranjeros. Tampoco dudó en alzar la voz en casos mucho más frágiles. Hoy, en cambio, prefiere esconderse tras tecnicismos legales.
La realidad es más dura: Sánchez ha optado por la diplomacia de la complacencia. Su Gobierno presume de exigir en comunicados europeos lo que en Caracas silencia. Se escuda en declaraciones conjuntas y notas diplomáticas que no salvan vidas ni devuelven la libertad. La política exterior se ha convertido en un mero trámite burocrático, no en un acto de defensa de ciudadanos que sufren.
España no puede ser un país que entrega documentos con una mano y abandona a sus nacionales con la otra. No puede repartir ciudadanía como propaganda mientras niega la protección consular que esa misma ciudadanía implica. Esta contradicción no es solo un error; es una traición a la esencia del Estado de derecho.
En Venezuela, los nombres de Alejandro González, Rocío San Miguel, Fernando Noya o Catalina Ramos deberían resonar en boca de cada ministro y cada embajador español. Pero son silenciados. Y ese silencio los condena dos veces: a la celda y al olvido.
El régimen de Maduro no solo secuestra personas, secuestra conciencias. Mantiene rehenes como escudos políticos y manda un mensaje al mundo: «Podemos hacer lo que queramos». Y el mensaje que responde España es aún más indigno: «No nos importa».
Por eso este no es solo un tema de derechos humanos —que ya sería suficiente—, es un tema de dignidad nacional. Mientras Pedro Sánchez y Zapatero se esfuerzan en blanquear el rostro de la dictadura venezolana, hay españoles que rezan por sobrevivir una noche más en una cárcel de torturas.
El día que España vuelva a defender con firmeza la libertad, empezará también a recuperar su propio honor. Hasta entonces, estos presos seguirán siendo los grandes olvidados de nuestra política exterior. Y nosotros, si callamos, seremos cómplices de su silencio.
Este artículo se publicó originalmente en El Debate https://www.eldebate.com/internacional/20250911/espanoles-presos-venezuela-olvidados-zapatero-sanchez_332786.html